Palabras rosa en días grises.

Desde mi casa se ve hacia la montaña, montaña que hoy amaneció siendo acariciada por la mas blanca y fría nube que pude haber visto en toda mi vida. La confundí con un baño de paz, pero al detallarla fijamente me di cuenta de que era un rocío frío de la naturaleza, fije la mirada en otro lugar y pude visualizar otra nube, mucho mas grande que la que estaba haciéndole el amor a la montaña pero lo que me llamo la atención de ella es que no era blanca como la pureza de un infante que disfruta de la lluvia danzando, esta era del mismo color que mi vida, que mi pocos restos de alma, que mis sentimientos y mis pensamientos: gris, totalmente gris. Dejé de prestarle atención a la belleza de ese blanco manto que arropaba mi lugar feliz, ese lugar donde me siento contenta con mi existencia, donde las cosas me parecen mas bonitas y me es permitido detallar ese entorno cerdo que tengo. Esa montaña que sabe tantos secretos de mi, que me ha visto gritar, que me ha visto llorar y ha sido lo único en este universo que se ha regocijado en la poca confianza que entrego... Oh, como extraño ese lugar. Lo necesito como nunca en estos momentos.

Desde cierto punto de vista, me parece que mantengo una larga relación de amor-odio con los días grises. Amo la forma en como me hacen detallar, entender y hasta valorar todo lo que me rodea pero odio el hecho que me recuerden el ser humano tan vacío que puedo ser... ¿No han notado que en los días grises la gente está apagada, sola y distante? Bueno, yo soy un día gris permanente. Sola, distante, apagada pero por sobre todas las cosas: fría. Odio esto, hay gente que disfruta los días así para estar con su pareja, otros para dedicarse tiempo y algunos para juguetear bajo la lluvia, pero yo no... Yo los uso para restregarme en la cara lo basura que se puede ser sin necesidad alguna. Esta nota no se basaba en hablar así sobre mi, les quiero hablar sobre algo que hace poco descubrí. Tengo una flor, y es extremadamente hermosa. Ella tiene unas espinas, que también son hermosas... Mi flor es única, hasta que se demuestre lo contrario. Pero mi flor es muy débil, a pesar de las espinas que tiene para protegerse. Yo encontré esta flor, el día menos esperado; estaba ella sola, en un lugar muy feo, muy triste, muy frío. Estaba sola, y yo decidí traerla conmigo pero desde que la tengo en mis manos, no ha querido dejar de estar marchita.

Mi deber es cuidar esa flor, hacer que todos conozcan su belleza, su autenticidad, que todo el mundo pueda apreciar sus colores y lo hermosa que puede ser. Sus pétalos, su tallo, la manera en como me sonríe, es extraordinaria pero siento que todo el agua y el cuidado que le estoy dando no es suficiente, ¿será que debo morir y descuidar a mi flor para que ella decida mostrar lo bella que es? No quiero, me rehusó. Prometí darle amor hasta que sus pétalos se terminen de caer, no tienen idea de lo mucho que me importa mi flor... El punto de todo esto, es que pensando en el cuidado que quiero y debo darle a mi flor es que he podido soportar los días grises. Por eso, en días como esos existen palabras rosas... Inspiradas por mi flor. 


Ella es tan bella... Como una flor.

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