¿A que sabe la tela?
Esto
de correr debajo de la lluvia para no mojarme es todo lo contrario.
Terminé mojado como un idiota por querer ser mas rápido que la misma
naturaleza, pero no quería pescar una enfermedad. Solo un par de
manzanas mas por caminar, calentaré una de esas sopas enlatadas
que compré hace dos semanas y listo. Tendré la noche hecha. Contaré los
veinte pasos que me faltan hasta la puerta mientras aun me caen gotas en
la cabeza, la verdad no me importa. Al abrir la puerta, mi cachorro se
para en dos patas sobre mis piernas para saludarme, enciendo las luces e
inmediata mente suena el teléfono de la casa, es como si percibieron mi
llegada.
— Diga.
— Hola. —me dice la voz en el auricular.
— Diga.
— Hola. —me dice la voz en el auricular.
— ¿Quien habla?
— Nadie. Nos vemos en diez minutos. —se escucha un sonoro beso. Me cuelga. ¿Que clase de llamada es esa? ¿Como que nos vemos en diez minutos? Que manera de perturbar, pero la verdad no me preocupo en lo absoluto. Pongo la sopa en un plato, la caliento por cinco minutos y en eso reviso si tengo algún mensaje en mi móvil, nada que leer. La noche está fría y solitaria, podría pasar un largo rato escuchando música clásica y leyendo pero suena el timbre. Al abrir la puerta mi sorpresa es... indescriptible.
— ¿Que haces aquí?
— No se, me dieron ganas de saludarte... Personalmente. Sor-pre-sa. —y no puedo dejar de verle la boca mientras pronuncia la ultima silaba.
— Pudiste hacerlo por teléfono.
— ¿Me vas a dejar pasar o no? —me echo a un lado para que pase —eso pensé.
— Nadie. Nos vemos en diez minutos. —se escucha un sonoro beso. Me cuelga. ¿Que clase de llamada es esa? ¿Como que nos vemos en diez minutos? Que manera de perturbar, pero la verdad no me preocupo en lo absoluto. Pongo la sopa en un plato, la caliento por cinco minutos y en eso reviso si tengo algún mensaje en mi móvil, nada que leer. La noche está fría y solitaria, podría pasar un largo rato escuchando música clásica y leyendo pero suena el timbre. Al abrir la puerta mi sorpresa es... indescriptible.
— ¿Que haces aquí?
— No se, me dieron ganas de saludarte... Personalmente. Sor-pre-sa. —y no puedo dejar de verle la boca mientras pronuncia la ultima silaba.
— Pudiste hacerlo por teléfono.
— ¿Me vas a dejar pasar o no? —me echo a un lado para que pase —eso pensé.
No
se que hace aquí, tengo una especie de confusión. Me gustan las
sorpresas, pero este tipo de sorpresas no se como tomarlas. Me distrae
con esos pantalones ajustados, esa camisa abotonada hasta el cuello, ese
reloj dorado... Sus tacones de aguja; es la única persona con tacones
de aguja en un día de lluvia. Realmente la odio.
— Espero que no te moleste la visita, solo no quería estar sola en casa y recordé que existías — se cortó el cabello y aun así se le ve largo, elegante y sensual — ¿Puedo servirme un poco de agua?
No respondo. Me quedo atónito apreciando su apariencia. Es la digna muestra de sensualidad, poder, dominio y descaro. Me gustaría poder decirle que se largue, pero creo no poder. Se me queda mirando buscando la respuesta, la ignoro y camino hasta el microondas para sacar mi sopa. —tomaré eso como un sí, gracias.
—Insisto, ¿que haces aquí? —tomo asiento y me doy una cucharada.
— Vine a ver que tal te va, que tanto ha crecido el cachorro —acaricia a Timo — y a hablar, pero si te molesta puedo irme por donde vin...
— No he dicho eso, solo que me extraña —le interrumpo — pero ya estás aquí.
— Si. Por cierto, te veo en el sótano.
— Espero que no te moleste la visita, solo no quería estar sola en casa y recordé que existías — se cortó el cabello y aun así se le ve largo, elegante y sensual — ¿Puedo servirme un poco de agua?
No respondo. Me quedo atónito apreciando su apariencia. Es la digna muestra de sensualidad, poder, dominio y descaro. Me gustaría poder decirle que se largue, pero creo no poder. Se me queda mirando buscando la respuesta, la ignoro y camino hasta el microondas para sacar mi sopa. —tomaré eso como un sí, gracias.
—Insisto, ¿que haces aquí? —tomo asiento y me doy una cucharada.
— Vine a ver que tal te va, que tanto ha crecido el cachorro —acaricia a Timo — y a hablar, pero si te molesta puedo irme por donde vin...
— No he dicho eso, solo que me extraña —le interrumpo — pero ya estás aquí.
— Si. Por cierto, te veo en el sótano.
Se
me había olvidado, el sótano. Ese lugar que construía para estar solo,
para ver las luces de navidad aunque no estuviéramos en navidad. Para
escuchar Radiohead a todo volumen y bailar como un loco. Ese templo
adornado con una mesa, una nevera diminuta, un mueble y una biblioteca
en crecimiento... El mismo sótano que dejé de visitar hace mas de tres
meses. Ese mismo sótano donde ella me acompañaba a estar en silencio y
permanecíamos por horas mirándonos fijamente a los ojos sin tocarnos,
hablarnos, molestarnos. Me pondré una pijama como demostración de
cansancio, aunque no lo esté, solo para que se vaya.
Tenia mucho tiempo sin pisar este lugar. Huele a madera mojada, a libros almacenados y a polvo. Me agrada, se ve tan lindo de rojo... Una lágrima se asoma, es la nostalgia haciendo efecto.
Tenia mucho tiempo sin pisar este lugar. Huele a madera mojada, a libros almacenados y a polvo. Me agrada, se ve tan lindo de rojo... Una lágrima se asoma, es la nostalgia haciendo efecto.
— Extrañaba verte en pijamas, sin camisa... —aparece detrás de mi y me hace pegar un brinco.
— ¡Joder! no hagas eso, me pone de nervios...
— Lo sé. —se ríe. Aun detrás de mi, puedo sentir su respiración en mi cuello. Todavía tiene ese aroma a vainilla que tanto me hipnotiza.
— Tenia demasiado tiempo sin estar aquí. —no sé porqué estoy inmóvil, pero lo estoy. Escuchando cada palabra, su respiración y detallando sus poros a distancia. Me pone un pañuelo rojo en el hombro.
— Usalo. Adelante.
— ¿Como?
— Haz lo que jamás pudiste hacer con el. —aplaude dos veces.
Me doy la vuelta con una agilidad extraordinaria, la tomo por la cintura y la levanto. Sus piernas abrazando mis caderas con fuerza, uno de sus tacones me lastimó y no me importó. Extrañaba esta boca, sus mordidas. Sus manos en mi espaldas, sus uñas dibujando figuras abstractas en ella y sus jadeos instantáneos. El mueble, fue lo primero que me vino a la mente y para allá fuimos a parar entre besos y caricias, sin ninguna palabra de por medio hasta que su mano en mi pecho fue la señal de detención.
— ¡Joder! no hagas eso, me pone de nervios...
— Lo sé. —se ríe. Aun detrás de mi, puedo sentir su respiración en mi cuello. Todavía tiene ese aroma a vainilla que tanto me hipnotiza.
— Tenia demasiado tiempo sin estar aquí. —no sé porqué estoy inmóvil, pero lo estoy. Escuchando cada palabra, su respiración y detallando sus poros a distancia. Me pone un pañuelo rojo en el hombro.
— Usalo. Adelante.
— ¿Como?
— Haz lo que jamás pudiste hacer con el. —aplaude dos veces.
Me doy la vuelta con una agilidad extraordinaria, la tomo por la cintura y la levanto. Sus piernas abrazando mis caderas con fuerza, uno de sus tacones me lastimó y no me importó. Extrañaba esta boca, sus mordidas. Sus manos en mi espaldas, sus uñas dibujando figuras abstractas en ella y sus jadeos instantáneos. El mueble, fue lo primero que me vino a la mente y para allá fuimos a parar entre besos y caricias, sin ninguna palabra de por medio hasta que su mano en mi pecho fue la señal de detención.
— La tela. Recogela.
— Ah... —la tomo del suelo — ¿ahora qué?
— Ya te dije, haz con el pañuelo lo que jamas has podido.
— Ponte de rodillas. En el suelo... — y pude sentir como mis pupilas de dilataban al decir esto.
Se desvistió hasta quedar en ropa interior, sin quitarme la mirada de encima. Yo empuñando ese pedazo de tela con tanta fuerza, mientras admiraba ese espectáculo. Llevaba un brasier negro que hacia juego con sus bragas, era como un tablero de ajedrez, un contraste de blanco y negro, de piel y encaje. Perfecto; me arrodillé detrás de ella y espere a que abriera la boca, ella sabia que tenia que hacerlo. Lo puse allí, le hice un pequeño nudo y me puse de pie. Usé el cinturón que llevaba en su pantalón para atarle los tobillos, le levanté las piernas, me arrodillé de nuevo y posé las corvas de sus piernas en mis hombros. Quité sus bragas; acaricié con mi pulgar su clítoris, introduje un dedo que bailaba en vaivén, lamí la especie de sustancia que lo vestía. Me deshice del pantalón de mi pijama, tenia una erección juguetona que no dude en hacerle sentir. Me enterré con una lentitud matadora que me hacia sentir que tan caliente estaba. «Dios mío» fue lo primero que pude expresar. Estaba ardiente, era como cuando enciendes un yesquero y luego te pegas el metal a la piel... Así de rico se sentía, tanto que quería repetirlo y la embestí de nuevo, esta vez con fuerza y sin piedad. Así, con rabia y rencor, podía escuchar sus gemidos ahogados en el trapo que tenia en la boca y no me importó. Sus brazos se agitaban en el aire, golpeaban el suelo a medida que intentaba moverse y no podía, la atadura de sus tobillos y mis manos evitandolo eran una total barrera de movimiento. Empecé a sentir ese cosquilleo, gemí varias veces, ella también me acompaño con los sonidos y era momento para morir; y morimos. Me moví con rapidez y le quité el trapo carmesí de la boca, quería escucharla gritar y me complació. Tres embestidas mas y suficiente.
— Ah... —la tomo del suelo — ¿ahora qué?
— Ya te dije, haz con el pañuelo lo que jamas has podido.
— Ponte de rodillas. En el suelo... — y pude sentir como mis pupilas de dilataban al decir esto.
Se desvistió hasta quedar en ropa interior, sin quitarme la mirada de encima. Yo empuñando ese pedazo de tela con tanta fuerza, mientras admiraba ese espectáculo. Llevaba un brasier negro que hacia juego con sus bragas, era como un tablero de ajedrez, un contraste de blanco y negro, de piel y encaje. Perfecto; me arrodillé detrás de ella y espere a que abriera la boca, ella sabia que tenia que hacerlo. Lo puse allí, le hice un pequeño nudo y me puse de pie. Usé el cinturón que llevaba en su pantalón para atarle los tobillos, le levanté las piernas, me arrodillé de nuevo y posé las corvas de sus piernas en mis hombros. Quité sus bragas; acaricié con mi pulgar su clítoris, introduje un dedo que bailaba en vaivén, lamí la especie de sustancia que lo vestía. Me deshice del pantalón de mi pijama, tenia una erección juguetona que no dude en hacerle sentir. Me enterré con una lentitud matadora que me hacia sentir que tan caliente estaba. «Dios mío» fue lo primero que pude expresar. Estaba ardiente, era como cuando enciendes un yesquero y luego te pegas el metal a la piel... Así de rico se sentía, tanto que quería repetirlo y la embestí de nuevo, esta vez con fuerza y sin piedad. Así, con rabia y rencor, podía escuchar sus gemidos ahogados en el trapo que tenia en la boca y no me importó. Sus brazos se agitaban en el aire, golpeaban el suelo a medida que intentaba moverse y no podía, la atadura de sus tobillos y mis manos evitandolo eran una total barrera de movimiento. Empecé a sentir ese cosquilleo, gemí varias veces, ella también me acompaño con los sonidos y era momento para morir; y morimos. Me moví con rapidez y le quité el trapo carmesí de la boca, quería escucharla gritar y me complació. Tres embestidas mas y suficiente.
Volví
a ponerle la mordaza, le pedí que se quedara allí donde estaba. Me
volví a poner la pijama, subí corriendo a mi cuarto tome algo de mi
closet y regresé. Aun estaba allí, retorciendose en el piso y era
hermoso, se veía como una serpiente en movimiento... Sublime. Saqué el
revolver que había tomado de mi armario, le apunté aprovechando que aun
permanecia con los ojos cerrados... Y le disparé.
Y me tocó bailar al ritmo de A Place With No Name de Michael Jackson alrededor de su cadaver.
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