Hoy, me siento como ese trago de vino ya adentrada la noche, cuando son sólo los pensamientos negativos los que invaden, generando el mismo efecto que ellos, un híbrido entre placer y arcadas, entre gozo y desespero. No se realmente lo que soy, pero no dejo de estar, tan palpable que me vuelvo imposible de evitar, tan al alcance de sus manos que alejarme parece imposible, incluso cuando sé que te lastimo sin querer hacerlo, pues sólo soy un trago de vino, uno que no pudiste rechazar.
Un trago de vino que esconde miedos, desespero, inconformidad y por raro que suene, esperanzas, esperanzas de un mañana en el que mi presencia, cumpla sólo con el hacerte feliz. Feliz como no te hizo ningún otro trago de vino, ¿pero como medir? ¿Si del gozo al destrozo hay un sólo trago? ¿Si después de hacerte feliz, puedo causarte una miseria inimaginable? La realidad de mi existencia, se basa en que un exceso de mi, va a causar dolor sin importar que momento o situación sea, el resultado es inminente.
Soy dualidad en su mayor expresión, soy tu amor y tu odio, soy tu paz y tu guerra, soy ese interruptor de malas decisiones que a raíz de un leve toque cumple su función, soy tu perdición aunque mi intención sea salvarte. No porque quiera, sino porque para eso fui hecho, para darte tranquilidad en baja dosis y matarte si te mantienes lo suficiente a mi lado, veneno dulce, pero veneno al fin.
Comentarios
Publicar un comentario